Quiero reconocerle al Presidente Rafael Correa por la iniciativa que tiene ahora: cerrar el canal de televisión Teleamazonas. Digo esto porque los ecuatorianos que estaban adormecidos, empiezan a despertar, a sentir que los rumores de dictadura y represión son verdaderos.
Le agradezco por sus nobles propósitos, porque quiere ahorrarnos a los 13 millones de ecuatorianos el esfuerzo de pensar. Mi preocupación reside, no obstante, en la salud del Presidente Correa: ¿Contratará un grupo de personas para esta tarea? ¿Distribuirá su tiempo para darnos pensando? Mientras tanto todos tendremos que sumirnos en un estado vegetativo o algo parecido al stand by del control remoto.
Quiero felicitarlo porque inició los procesos legales contra Teleamazonas alegando que transmitió la horrenda imagen de un toro de lidia y a un torero dispuesto a darle la estocada. Sólo así puedo decirle que lo espantoso en realidad es comer animales y sin ningún empacho recitar las miles de recetas en las cuales se los degusta: bolones, bistecs, guatitas, fritadas y demás. Lo terrible es usar chompas de cuero, en apariciones públicas, y llenarse la boca hablando de libertad animal, como él lo hizo el sábado pasado.
Lo espantoso es utilizar a grupos ecologistas para que respalden el cierre de Teleamazonas, pese a la perdurable masacre de tiburones en nuestras costas y hacerles olvidar que sin los medios de comunicación ellos jamás se hubieran enterado, ni podrían difundir, los atentados contra la naturaleza.
No estoy de acuerdo con el cambio de horario de los Simpson que se difunden en Teleamazonas, porque esas caricaturas amarillas son los primeros en criticar el modelo capitalista y demostrar que la privilegiada vida de los “americanos” no es más que una careta que esconde vicios y conflictos. Aunque, eso sí, sus chistes son incomprensibles para quienes no se detienen a pensar en los diálogos que Matt Groening (su creador) ha elaborado con la precisión de una orquesta.
Felicito todas estas ideas porque al fin los ecuatorianos se darán cuenta que estamos a un tris de dilapidar lo último que nos queda: LIBERTAD.
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